Un pequeño pueblo rural y una familia en la miseria. Dos asesinatos, diez mil dólares escondidos Dios –y los niños- sabe dónde y, el padre de familia, Ben Harper, condenado a muerte por robo y asesinato. Aparece entonces en escena la figura del predicador, Harry Powell, ambicioso, sin escrúpulos ni remordimientos que, conocedor de la existencia de una cuantiosa suma escondida, galanteará a la viuda de Harper y conseguirá que se case con él. Es entonces cuando comienza la frenética lucha del predicador contra los pequeños John y Pearl por conseguir que le revelen el paradero –inimaginable- de los diez mil dólares. Pero no pueden hacerlo porque se lo habían prometido a su padre. La astucia y determinación de los niños presentará batalla a Powell hasta un final inesperado, propiamente terrorífico.
Tensión, terror, suspense, incertidumbre, sorpresa, pánico. Todo adjetivo se queda corto a la hora de describir los sentimientos espasmódicos que crea la mirada de Harry Powell (Robert Mitchum) mientras explica la razón de los tatuajes –“LOVE” y “HATE”- en los nudillos de sus manos. Los gestos, el énfasis, la razón en sí, todo está impregnado de una oscuridad inefable. En esta obra de arte del cine negro y el suspense, consigue Charles Laughton, el director, sumir al espectador en un sentimiento mezcla entre el cariño y la angustia por los niños. Todo gira en torno a ellos, a su inocencia, a su perspicacia y a ese manto invisible surgido de un cuento de hadas que parece rodearlos a lo largo de toda la trama. La estructura circular que presenta el filme os sorprenderá, queridos espectadores, sobremanera pues las reacciones finales, en relación con las del principio, son sorprendentes y desconcertantes.
La personalidad psicopática de Powell, que se casa veinticinco veces y asesina a todas sus esposas, se puede resumir en esta frase que dice a la señora Cooper en referencia a las mujeres: “El Señor Jehová guiará mi mano en la venganza. Sois demonios”.
Juan Luis Muñoz Fernández. 2ºBC
